sábado, 8 de mayo de 2010

Nada más, nada menos.

Revolviendo viejas cosas que ya no uso pero que me resisto a tirar, encontré entre ellas el primer “kenko” que lucí en mi karate-gui.

Mientras lo sostenía en mi mano recordé muchos momentos, buenos y no tanto, en los cuales le tocó acompañarme.

Siguiendo un impulso repentino rebusqué un poco más y rápidamente apareció el que le siguiera, otro montón de recuerdos me inundaron, más próximos pero no más cálidos o vívidos o agradables o dolorosos que los anteriores.


Traje y extendí el karate-gui en una silla a mi lado, puse los dos “kenko” junto al que ahora lo adorna, y comenzaron a desfilar en mi mente todas las vivencias que experimenté desde la primera oportunidad en que puse mi pie en el Dojo.

Ya no era un joven, pero era más joven, tenía gran parte de mi vida hecha, pero aún no toda, y había decidido embarcarme en la hermosa aventura de la práctica del Karate Do Goju Ryu, acompañado por mi hijo y guiado por Scurzi sensei.

Mirando a la distancia veía pasar muchas de las cosas que ocurrieron desde entonces en el mundo, en nuestra patria, en nuestro Dojo (leer la historia en http://www.akkka.com.ar/akkka/akkka20history.html), y también como yo mismo cambiaba (creo que cada nuevo día que despertamos somos diferentes).

Para mi llegada al Dojo el sempai estrenaba un cinturón azul y el que le seguía en antigüedad lucía uno verde, pasaron muchos practicantes que nos acompañaron un tiempo y luego desaparecieron, pero poco a poco iba formándose el núcleo de los que permanecen hasta la actualidad.

Casi sin darme cuenta el color de mi cinturón fue variando al igual que pequeñas cosas, gestos, actitudes, técnicas que, de imposibles al principio, parecían luego naturales.

Apenas si en las clases de ayer, el dibujo de Geki Sai Dai Ichi era inaprensible y hoy nos esforzamos por recordar el de Seisan. Los chicos que ayer nos acompañaban, hoy nos sobrepasan con su altura y son ahora ellos los que nos rodean con su cariño y su respeto.

Si, nos hemos modificado, hemos ido mutando como los “kenko” con los que todos estos años nos identificamos y nos identificaron.

Pero como si mi vista se nublara con los recuerdos, de pronto, los

tres “kenko” parecían iguales. Que sus diferencias no eran tales. O algo más extraño aún e inexplicable, que eran iguales siendo diferentes.

Mirando más atentamente podía ver en los tres las mismas cosas, las alas de la Grulla y el Tigre, los círculos internos y externos representando los omnipresentes principios elementales, el Universo, la Tierra y el Hombre, el Cuerpo, la Mente y el Espíritu.

Algunos habían estado siempre y sólo ahora se hacían presentes y otros, que no veía, sólo se ocultaban o se disfrazaban, como otros. ¿Qué es el Sur sino donde hacemos nuestro "Camino”, qué es el Do sino la Cruz del Sur?.

La conclusión era inevitable, estos elementos habían estado y estarán siempre, porque representan las virtudes en busca de las cuales había iniciado aquel “Camino”.

Porque son los valores, que a lo largo de la historia y con esa maravillosa herramienta llamada Go Ju Ryu Karate Do, buscaban los sucesivos sensei descubrir, revelar y reforzar en sus seito.

Por eso en mi Sensei yo veo y escucho al Osensei que fundó el estilo de karate do que practico, al que lo difundió y al que creó la escuela en que me iniciara.

Por eso, cuando haciendo “seiza” y escuchamos el “mokuso”, aunque el Dojo sea distinto, aun cuando el “kenko” sea otro, el Sensei (aún si nos toca a nosotros serlo), es Higashionna Sensei, es Miyagi Sensei, es Benitez Sensei, es Rodriguez Sensei, es Scurzi Sensei y, esa tremenda responsabilidad de que en nosotros se encuentren todos ellos, debe ser la fuerza inclaudicable que nos lleve a superarnos constantemente.

Es el orgullo de ser los herederos y depositarios de esa herramienta preciosa que es el Go Ju Ryu Karate Do.

Es la obligación y el compromiso de nunca traicionar los principios transmitidos poniendo siempre la “Energía (KI) en el trabajo, la Lógica (RI) en la acción y el Corazón (SHIN) en las actitudes”.

Sólo de eso se trata. Nada más y nada menos.


por Ricardo De Mendoza Cabot

3º Dan - AKKKA

2010


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